Elena Gante
Marisol Aguayo bajaba del autobús 45 en la calle Blue Mound de Fort Worth con las bolsas de H-E-B cortándole los dedos y los pies hinchados dentro de
# La mitad para la hija de mi hermana muerta El sábado que llegaron los vecinos nuevos, la niña se sentó en el borde de la banqueta con
Valeria despertó a las tres de la mañana. El vientre parecía pesar doscientas libras y no encontraba posición sobre el colchón hundido. Damián, pegado a la pared, soltó
El sábado por la noche, cuando Carolina metió la llave en la cerradura, supo que algo andaba mal antes de abrir. El pasillo del edificio olía a frijoles
Era Nochebuena, y el frío del desierto se filtraba por las rendijas de la puerta en El Paso. Yo tenía veinticuatro años. Mi madre, Rosa, llegó de un
—El domingo vamos todos a tu casa. Y ni se te ocurra decir que no. La voz de doña Teresa llenó la cocina con esa confianza de quien
Nunca pensé que a los 30 años me convertiría en madre de cinco. Tampoco pensé que mi esposo desaparecería sin decir una palabra el mismo día en que
El calor de El Paso no se parece a ningún otro. Te envuelve como una cobija húmeda, te seca la garganta y te deja un regusto a polvo
Las maletas ya estaban junto a la puerta. Dos grandes y una de mano con la ruedita rota que Marisol pensaba cambiar desde las Navidades pasadas. Los boletos
Anthony había aprendido, a los cuatro años de calle, que agosto era el mes de las mentiras. En Providence, Rhode Island, cuando el aire empezaba a oler a
