Mundo mágico
No me fui porque soñara con el mundo grande. No quería conocer lugares ni empezar de cero lejos de casa. Me fui porque en El Paso no nos
Cuando abrieron la jaula del camión, pensé que el aire acondicionado se había descompuesto otra vez. Ese olor a sarna, a perro mojado y a infección vieja se
El código de la puerta era 0417, el cumpleaños de Mateo. Lo puso él el día que nos mudamos al departamento de dos cuartos sobre Culebra Road, en
El ventilador de la sala de espera sonaba como una cafetera vieja, y una mosca se estrellaba contra el vidrio con una insistencia tonta. Yo había ido al
Me llamo Lucía y trabajo como enfermera en el área de pediatría del Centro Médico de San Antonio. Eran las siete y cuarto de la mañana. La luz
El día del entierro, el calor de Houston parecía pegado al asfalto. Me sentía fuera de lugar, de pie junto al ciprés, a diez metros del hoyo en
La primera vez que doña Rosa Pérez subió una vara de pino al techo de su casa en Socorro, Nuevo México, los muchachos de la vecindad se rieron.
Yo estaba parada en la zona de llegadas del aeropuerto de El Paso, empujando tres carriolas idénticas. Las nenas dormían después del biberón de las seis. Mamá, a
Regresé a San Antonio un martes por la tarde, tres días antes de lo planeado. No fue una corazonada ni una sospecha rara: el contrato en Laredo se
El día que enterramos a Leticia, el estacionamiento del panteón Mission Park olía a lluvia de las tres y a flores de cempasúchil. Yo me quedé junto a
