Mundo mágico
El día que Octavio se fue de mi casa, no lloré. Me senté en el escalón de la entrada, con la puerta todavía abierta, y me quedé viendo
Esa misma tarde me lo llevé a casa. Alejandro venía callado en el asiento de atrás, enganchado a la tablet que le compré en Navidad. Por la ventanilla
Santiago tenía esa forma de sonreír que antes derretía a Lena. Labios gruesos, hoyuelos marcados y un brillo en los ojos que ella confundió con ternura durante seis
Verónica acababa de meter la olla de frijoles al refrigerador cuando Miguel se sentó a la mesa de la cocina con una calma demasiado ensayada. El ventilador del
Nunca voy a olvidar la primera vez que lo vi. Era un perro enorme, color miel, con el hocico ya canoso y los ojos más tristes que he
El día me había dejado vacía. Literalmente. Salí de Recursos Humanos con un sobre amarillo en la mano y el eco del despido todavía retumbando en mi cabeza.
El sonido de la madera al partirse fue tan seco que hasta las bandejas de cristal sobre la mesa de postres vibraron. Doña Cecilia, envuelta en un vestido
Todas las mañanas Valeria desayunaba medio plátano y ya estaba llena. Después se mareaba en el pasillo camino al baño y apoyaba las dos manos contra la pared
Aquella mañana, cuando salí al patio y vi el suelo tapizado de manzanas reventadas y ramas partidas, no grité. Sonreí. Una sonrisa fría, distinta. Entré a la casa,
Me llamo Valeria, tengo 34 años y soy mamá soltera de gemelos de ocho años, Mateo y Lucas. Limpio habitaciones en un motel de la salida a Las
